Porque Eres Tú

 

Eres mi deseo, mi desenfreno: el motivo de mi lujuria.

La imagen que provoca mis más impuras locuras para degustarte

Palmo a palmo, beso a beso.

Puedo ser un niño tímido ante ti, pero en tu lecho,

Me llevas al infierno mismo con tu pasión ardiente.

Eres mi sueño erótico, mi caos sexual.

Eres tú, mi imagen de sublimes senos,

Carnosos y delicados labios y ardiente cuerpo.

Si. Eres eso.

Si. Eres Tú

Mi deseo, mi desenfreno: el motivo de mi lujuria.

Mi sublime deseo.

(FIN)


Gracias por leer este blog. Por favor compártelo y déjame un comentario.

Como siempre, recibe un fuerte abrazo.
Aquí las opciones para compartir este blog  🔻 

Te Honraré

 

Cada quien vive del modo en que uno mismo elige.

Esto tiene mucho que ver con el tipo de líder o guía que nos acompañó en nuestra niñez.

 

En esos momentos cruciales en donde uno forja el carácter y desarrolla su propio criterio.

 

En la edad en que vivimos junto a un villano que de pronto, se vuelve nuestro héroe una vez que acumulados los años que se agrupan dándonos como dato: nuestra edad, comprendemos que aquel ogro o villano, realmente pulía y se esforzaba para crear con lo que estuviera en sus manos a un buen ser humano.

Así es como hemos llegado a este momento, gracias a ese ser, a ese genio.

 

He vivido con la complacencia de saber, que diste lo mejor y que realmente hiciste un buen trabajo en mi educación, una educación qué empíricamente te fue otorgada y me transferiste, siempre con miras a criar a un buen hombre.

 

No sé si en algún momento te agradecí por eso, incluso, no sé si alguna vez perdiste el sueño por nosotros tus hijos. De lo que sí estoy seguro, es que nadie puede dudar de tu  bondadoso corazón, de tu pasión por ayudar a los tuyos, pues desde niño, pude presenciar, cómo brindabas apoyo a quien lo requería aún sin contar con la fortuna de un  millonario.

 

Sólo brindabas el fruto de tu trabajo al necesitado.

 

Aún me falta mucho por aprender de ti, pero estoy claro que en esta vida, uno no aprende a vivir, uno vive aprendiendo.

 

No te he de mentir, me falta tu tenacidad, tu templanza, coraje he inteligencia para reforzar toda la enseñanza que me diste, como cuando era tan sólo un Niño. Como cuando me tomabas de la mano para guiarme.

 

Me enseñaste el mundo.

 

Me mostraste el dolor hecho persona en un mundo dividido, acaparado por la  hostilidad que aplasta al débil y engrandece al poderoso.

En un mundo donde la esperanza y la fe, intentan ir juntos a pesar de todo.

Papá, hoy que te vas, me es difícil aceptar que ya no escucharé esas anécdotas que solías contarme. Ya no te escucharé cantar, sólo conservaré tu voz en mis recuerdos de cuando hablabas con el creador, parte de la enseñanza que me dejas.

Y vuelvo a sentir ese miedo que me estremecía de niño al saber, que nuevamente partirías a un nuevo proyecto; que te alejarías de nosotros, pues este sacrificio, era el sustento nuestro.

Y aún llevo grabado en mi mente ese episodio.

Una de esas veces en que te marcharías para poder proveernos.

Como si fuera justo ese día, ese momento cuando con el alma desgarrada, y mis lágrimas aferrándose a mis párpados para no caer, te imploré con voz temblorosa y suplicante:

 

—¡Papá, no me dejes!

 

—¡Por favor, llévame contigo!

 

Expresé víctima de la nostalgia y la inefable tristeza que me agobiaba al saber que por mucho tiempo no te vería.

Hoy, posiblemente podría repetirlas justamente, pero debo reservarme a ello pues hacerlo, sería una aberración, y significaría un fracaso y un agravio a ti.

 

Papá, ha llegado el momento en que tendré que echar mano de mis más dulces recuerdos aunque sé, que estos me lastimará mucho, pues es donde te volveré a encontrar.

 

Y ahí estarás Padre, hablándome del don de la perseverancia y de la astucia. De la lucha constante y el mantener siempre la mirada fija en un objetivo. Así como el de ser capaz de adaptarse, fusionarse con el entorno y desde ahí luchar, siempre con miras a la grandeza pues no es el lugar sino la valentía con la que uno enfrenta la vida.

 

Papá.

Te voy a honrar siempre, pues para mí, eres el mejor ser humano que el universo me brindó como padre. Comprendo que dentro de tu rudeza, la dureza de tu carácter y todas esas exigencias que tenías para mí, detrás de todo eso, estaba tu gran amor hacia nosotros.

 

Vuela alto mi señor.

Que los vientos y las nubes ahora te reciben complacidos por tu gran labor en tu estadía en la tierra.

Vuela alto papá, y háblale al eterno de nosotros los mortales. Cuéntale del deterioro en la mente de las personas, de la falta de empatía y de cordura en los habitantes de esta tierra.

 

Padre mío.

Ahora te conviertes en la luz que me guiará siempre.

En el recurso de mis momentos de inspiración cuando en alguna conversación yo pueda decir:

 

— ¡Como decía mi padre! ó — ¡Como mi padre me enseñó!

En fin… tantas otras lecciones de vida que replicaré y compartiré así como lo hiciste en tu paso por este lugar.

 

Vuela padre.

Vuela, ya sin la fatiga y el cansancio.

Vuela papá, es momento de ir a casa mi querido héroe.


(Fin)



Gracias por leer este blog. Por favor compártelo y déjame un comentario.

Como siempre, recibe un fuerte abrazo.
Aquí las opciones para compartir este blog  🔻 

Empatìa

 

Hace unas semanas, en la recta final del mes de diciembre; como todos los días, viajaba en mi habitual transporte, el autobús que me llevaría a una de las estaciones del subterráneo el cual, era el siguiente transporte; uno más para llegar al trabajo.

En el transcurso del viaje, me encontraba inmerso en mis pensamientos dialogando conmigo mismo y haciendo un recuento sobre lo vivido en el año.

Los proyectos y ventas logrados de los cuales estoy agradecido, y otros que por alguna razón los grandes clientes optaron por nuestra competencia aún y con los precios y los excelentes diseños presentados. Algunas veces uno no comprende los gustos del cliente aunque tiene que ver con la preferencia u otros beneficios que le ofrecen sus otros proveedores. En fin..

Avanzaba la unidad de transporte por las avenidas de la Ciudad de México. Recorría la cinta asfáltica. Se detenía en determinados puntos para el ascenso y descenso de pasajeros, todos sumidos en las prisas, algunos somnolientos tras un leve sueño en el trayecto; otros revisando el reloj, otros más emprendiendo la marcha a toda velocidad una vez tocaban el piso. Estaban también los que se abrigaban lo mejor posible para protegerse del frío de esa mañana que había amanecido de cuatro grados.

Yo mientras tanto, contemplaba el panorama mientras me encontraba inmerso en mi música. Disfrutando en ese momento, de la letra y melodía de la canción de mi banda favorita, I Still Haven't Found What I'm Looking For. De pronto, metros más adelante, esa atmósfera cambió.

En una de esas paradas, de entre los usuarios que abordaron el autobús donde yo viajaba, había ascendido un peculiar personaje.

Yo mientras tanto, sumergido en mis pensamientos, sólo miraba a través de la ventanilla mientras el autobús seguía su marcha. No presté atención pues como dije, llevaba puesto mis manos libres y disfrutaba de mi música mientras cavilaba sobre un tema relevante en mi vida. Por esto, no sabía lo que sucedía en mi entorno, sólo me perdí en mis pensamientos envueltos en todas esas partituras.

Instantes después, algo llenaba de escándalo esa caja metálica mientras todos los pasajeros permanecían inertes, atónitos, inclinados distraídos en su móvil.

Al darme cuenta de eso, detuve la música y retiré los audífonos y me dispuse a prestar atención a lo que sucedía al frente de la unidad motor. Dentro del camión, reinaba un silencio implacable, sólo se percibía el ruido del motor y de aquel personaje. Nadie se inmutaba en reaccionar al acto que el hombre vestido de payaso realizaba al frente.

Todos lo ignoraban, incluido yo. Pero al notar el enorme esfuerzo que hacía para lograr una sonrisa o una interacción con los pasajeros, sentí pena por él, pues sentí que algo muy fuerte le ha dado ese impulso para aferrase y soportar esa displicencia, esa arrogancia que solemos exponer al sabernos seguros en esa posición de espectador.

Continuaba esforzándose por lograr la interacción. Improvisaba algunos chistes, realizaba preguntas capciosas sin respuesta alguna hasta que finalmente, él mismo se contestaba, y nuevamente animaba al público a colaborar. Al no tener respuesta a su labor, optaba por un discurso de ánimo impulsando a todos a sonreír, no sólo al acto que él ejecutaba sino a la vida, a lo que todos en ese momento teníamos como es: la salud, la vida misma, la movilidad; el contar con un empleo, familia. En fin….

Reforzaba el diálogo ofreciendo disculpas por su intromisión a esa incipiente calma  diciendo: a veces venimos perdidos pensando en nuestros problemas. Algunos sencillos, algunos complejos pero sin duda  nos afectan de la misma forma. Sé qué a bordo de esta unidad alguno de nosotros trae un tema de trabajo,  de dinero, de un enfermo, incluso uno mismo padeciendo, pero si dejamos o nos entregamos a ese problema, le damos el poder para hacernos pedazos. Claro que es muy difícil todo, pero si nos detenemos un momento y re-direccionamos nuestro camino, si nos damos un momento y buscamos nuestra paz, podremos ver que  hay motivos para sonreír. Duele, claro que si. Todas las situaciones o momentos que no están en nuestro calendario nos causan dolor, pero este servidor, está convencido que el sol de  cada nuevo día nos da una nueva oportunidad de enmendar, de reconstruir o de trabajar duro para superar todo obstáculo.

 Al culminar este discurso, retomó el show.

Una dama ubicada más al frente del autobús, conectó con él respondiendo al acto con lo que le venía a la mente a lo que éste atendía dando la respuesta correcta improvisando un remate gracioso.

Me sumé a ellos a modo de coro reforzando un poco a lo que la dama hacía y lo que el payaso desarrollaba en su número con aplausos o con un ¡Ooh!.

A unos minutos de arribar a la estación del metro, mismo lugar que también es la terminal de la ruta, finalmente el payaso había logrado la atención de la audiencia y cerrado su actuación de la mañana.

Después de esto, agradeció la atención realizando un speech motivacional para después, recolectar las monedas que alguien le pudiera obsequiar.

Por supuesto que aporté pues su trabajo lo merecía. Fue una forma de reconocer el valor de pararse frente a doce o quince personas que, no te hacen caso, ni te miran siquiera.

Una vez ubicado el autobús en la base, todos los pasajeros descendimos, el payaso lo hizo primero perdiéndose entre la multitud. Me desplacé con calma a pesar de tener el tiempo justo para llegar a mi junta.

Unos pasos más adelante lo descubrí. Titubeante, analizaba la unidad para el trabajo. No pude dejar pasar la oportunidad. Me aproximé a él, volteo a verme.

Estreché su mano al tiempo que dije: amigo, te felicito por lo que haces y qué valor tienes al hacer este trabajo. De verdad, qué valor para pararte frente a personas que te ignoran y esforzarte hasta lograr que la gente responda.

Amigo, estoy en una situación desfavorable, tengo familia y en ningún lugar me dan empleo, tengo que llevar el sustento a casa así que no puedo titubear o dejarme vencer pues es lo único que puedo hacer. Si, es muy duro poner tu cara de idiota ante esa gente que muy seguramente piensan en lo estúpido que te ves haciendo o intentando algo gracioso una y otra vez. Pero eso también se vuelve un reto y aprendizaje, entonces sacas el carácter y la inspiración y finalmente logras la respuesta del público: no de todos, pero sí de una buena parte lo cual se vuelve en un momento de gloria. Finalizaba el señor payaso.

Nuevamente le felicité, le reconocí su valor, estreché su mano al tiempo que me agradecía el detalle que tuve hacía él por el trabajo, por mostrar empatía.

Volvíamos a nuestros pasos los cuales nuevamente nos llevaría cada quien a su destino.

Esto me hizo reflexionar sobre cómo hemos perdido la sensibilidad y nos hemos sumergido en nuestra arrogancia, al igual que en un aparato como el móvil y toda la información que en él está disponible dejando atrás el lado humano.

Es una pena todo esto.

Debemos aterrizar y retomar la comunicación persona a persona y mostrar empatía ante las cosas sensibles en la vida.

No es tarde para esto.

(FIN)

Gracias por leer este blog. Por favor compártelo y déjame un comentario.

Como siempre, recibe un fuerte abrazo.
Aquí las opciones para compartir este blog  🔻 

El amor es libertad

Hola amigas y amigos, encantado de saludarles con un nuevo blog. Les mando un muy fuerte abrazo deseándoles lo mejor.
 
La historia que les traigo en esta ocasión, sucedió cuando era niño. Siempre he tenido la idea que la vida es un aprendizaje continuo; incluso que uno no aprende a vivir, vive aprendiendo.

Vivíamos al oriente de la Ciudad de México. Era un niño de siete años que vivía los estragos de los constantes cambios de domicilio por el trabajo de papá. 
Lidiábamos con el acoplamiento o el acostumbrarnos de nuevo a un entorno diferente. Pero era libre, y con esa excusa, me desplazaba en mi bicicleta por aquellas calles aún sin pavimentar de la colonia. 
Los servicios deficientes, o escasos mejor dicho, pues carecía de alumbrado público, agua potable… en fin, una colonia aún en desarrollo. 
Los días lluviosos convertían las calles desnudas en auténticos ríos de lodo y piedras que cuya falta de alumbrado hacía un tanto tétrica la escena en las tardes o entrada la noche.

Un día, comenzó a llover alrededor de las tres de la tarde. 
La precipitación duró algunas horas dejando la calle por donde se ubicaba nuestra vivienda, empapada aunque se mantenía la llovizna entrada la noche. Justo por esa falta de iluminación, era un alivio ver llegar a papá.

En esa tarde lluviosa, nació esta historia que me dejó gran aprendizaje.

Esa tarde, alrededor de las siete de la noche, al salir a la calle con muy poca luz proveniente del hogar de la vecina de enfrente, pude ver una pequeña silueta sobre la barda de la misma. Absorbido por la curiosidad, y temeroso, me aproximé paso a paso a verificar o cerciorarme de dicha sombra. Grande fue mi sorpresa al llegar a esa cerca. 

Era una paloma.

Pude distinguirla gracias a la tenue luz que iluminaba el pequeño patio.
No mostró resistencia o intención de huir con mi presencia y proximidad, pareciera que esperaba  ser rescatada. La tomé entre mis manos, la recargué en mi pecho protegiéndola de la lluvia y la llevé a casa. 

Era una hermosa paloma blanca que no ponía resistencia mientras la secaba con una de mis viejas camisas. 
Recorrí poco a poco su delicada silueta hasta que de pronto se sobresaltó, fue entonces que me percaté del daño a una de sus alas. Al parecer con la fuerza de la lluvia y los vientos de esa tarde, algo la había golpeado. 
Como niño, qué puedes hacer en estos casos por lo que lo único que me vino a la mente fue, proteger el ala afectada por lo que junto con mi hermana Isa, hicimos todo lo posible por curarle la herida. Estabilizamos el ala dañada con un rustico vendaje que elaboré con parte de la camisa que utilicé para secarla, el sobrante de la prenda lo aprovechamos para cubrirla y le generara un poco de calor.

Al día siguiente. 
Al verla un poco mas animada. 
Con el temor de que intentara volar, corté las puntas de las plumas de sus alas para evitarlo. 
Así pasaron los días y poco a poco fue sanando.
Conforme crecían sus plumas, se las seguía cortando para que no se fuera, aparte, buscaba que el ala afectada, se restableciera lo mejor posible.

Asumí la total responsabilidad en su cuidado.

Todas las mañanas muy temprano, la sacaba al patio en donde le servía de comer maíz triturado, y colocaba un recipiente con agua para ella. Siempre al pendiente de que no se alejara del patio porque pensé que podría ser atacada por algún perro callejero debido a que el predio en el que vivíamos, no estaba bardeado.

Por las noches, la metía a casa y la colocaba sobre el pedazo de tela. 
Así transcurrieron al rededor de treinta días. 

Una mañana cuando la saqué como diariamente lo hacía, con el ala un tanto recuperada, al salir, se posó en el centro del patio y me di cuenta cómo sus hermosos ojos miraban al cielo contemplando a las otras aves volar.

Se mantuvo así por un tiempo, y solo sacudía el ala sana intentando volar. 
De pronto aleteó con fuerza, y en un impulso de fortaleza comenzó a correr de un lado a otro buscando impulsarse sin lograr despegar y lastimándose a cada caída.

¡Sentí que mi corazón se destrozaba al verla intentando recuperar su libertad!

Tras este acontecimiento, opté por encerrarla por temor a que se repitiera esa escena.

Días después, frecuentemente se aproximaba a la puerta intentando salir lo cual le impedía en cada intento.

Una mañana mientras le servía maíz en un recipiente, pensé en lo que paloma había hecho hace unos días, y me di cuenta que no era justo lo que yo estaba haciendo.

Después de dos meses me había encariñado mucho con paloma, pero ella debía seguir su destino y su vida por más que me doliera. 

Tomé la decisión, y una mañana abrí la puerta; repetí la misma rutina, depositarle comida y servirle agua. 
Tras comer un poco, paloma aleteó. Hizo algunos intentos. 
Mi corazón palpitaba con intensidad al ver cómo en repetidas ocasiones buscaba elevarse. 

Y por fin voló.


Realizó algunos vuelos en círculo sobre el patio como señal de agradecimiento, y se perdió entre las demás aves que todas las mañanas la visitaban.

Me sentí solo y desconsolado.

No podía comprender cómo te puede afectar la ausencia de un ser como lo puede ser un animal.

Ocasionalmente volvía por comida, se detenía y me miraba por unos instantes, luego volaba de nuevo hasta que un día ya no volvió más. 


Entonces comprendí el valor de la libertad y el de ser agradecido. 
Sin duda, paloma me dio una gran lección.
 
Desde niño comprendí la importancia de la libertad y el amor.

Al principio pensé que sólo había rescatado a una frágil paloma y la había curado. Pero era un hecho que en poco tiempo, se volvió parte de mí. Parte importante y de relevancia pues dentro de mi pequeño corazón, nació el gran cariño por ese ser que requería de ayuda y compasión.
Esto se convirtió en un gran amor que incluso me dolió al verla intentar retomar el vuelo.
Retomar su libertad.
El amor es eso. 
Comprensión, valor y libertad.

Libera por más que ames y dale el valor a lo vivido.

El amor, es libertad.

(Fin)


Gracias por leer este blog. Por favor compártelo y déjame un comentario.

Como siempre, recibe un fuerte abrazo.
Aquí las opciones para compartir este blog  🔻 

La recomendación de la semana (pulsa el titulo para leer)

Por qué no Respetan los lugares reservados

Hola amig@s Como siempre y (creo que lo he repetido infinidad de veces) pero me da mucho gusto saludarles y enviarles un muy fuerte abra...