Empatìa

 

Hace unas semanas, en la recta final del mes de diciembre; como todos los días, viajaba en mi habitual transporte, el autobús que me llevaría a una de las estaciones del subterráneo el cual, era el siguiente transporte; uno más para llegar al trabajo.

En el transcurso del viaje, me encontraba inmerso en mis pensamientos dialogando conmigo mismo y haciendo un recuento sobre lo vivido en el año.

Los proyectos y ventas logrados de los cuales estoy agradecido, y otros que por alguna razón los grandes clientes optaron por nuestra competencia aún y con los precios y los excelentes diseños presentados. Algunas veces uno no comprende los gustos del cliente aunque tiene que ver con la preferencia u otros beneficios que le ofrecen sus otros proveedores. En fin..

Avanzaba la unidad de transporte por las avenidas de la Ciudad de México. Recorría la cinta asfáltica. Se detenía en determinados puntos para el ascenso y descenso de pasajeros, todos sumidos en las prisas, algunos somnolientos tras un leve sueño en el trayecto; otros revisando el reloj, otros más emprendiendo la marcha a toda velocidad una vez tocaban el piso. Estaban también los que se abrigaban lo mejor posible para protegerse del frío de esa mañana que había amanecido de cuatro grados.

Yo mientras tanto, contemplaba el panorama mientras me encontraba inmerso en mi música. Disfrutando en ese momento, de la letra y melodía de la canción de mi banda favorita, I Still Haven't Found What I'm Looking For. De pronto, metros más adelante, esa atmósfera cambió.

En una de esas paradas, de entre los usuarios que abordaron el autobús donde yo viajaba, había ascendido un peculiar personaje.

Yo mientras tanto, sumergido en mis pensamientos, sólo miraba a través de la ventanilla mientras el autobús seguía su marcha. No presté atención pues como dije, llevaba puesto mis manos libres y disfrutaba de mi música mientras cavilaba sobre un tema relevante en mi vida. Por esto, no sabía lo que sucedía en mi entorno, sólo me perdí en mis pensamientos envueltos en todas esas partituras.

Instantes después, algo llenaba de escándalo esa caja metálica mientras todos los pasajeros permanecían inertes, atónitos, inclinados distraídos en su móvil.

Al darme cuenta de eso, detuve la música y retiré los audífonos y me dispuse a prestar atención a lo que sucedía al frente de la unidad motor. Dentro del camión, reinaba un silencio implacable, sólo se percibía el ruido del motor y de aquel personaje. Nadie se inmutaba en reaccionar al acto que el hombre vestido de payaso realizaba al frente.

Todos lo ignoraban, incluido yo. Pero al notar el enorme esfuerzo que hacía para lograr una sonrisa o una interacción con los pasajeros, sentí pena por él, pues sentí que algo muy fuerte le ha dado ese impulso para aferrase y soportar esa displicencia, esa arrogancia que solemos exponer al sabernos seguros en esa posición de espectador.

Continuaba esforzándose por lograr la interacción. Improvisaba algunos chistes, realizaba preguntas capciosas sin respuesta alguna hasta que finalmente, él mismo se contestaba, y nuevamente animaba al público a colaborar. Al no tener respuesta a su labor, optaba por un discurso de ánimo impulsando a todos a sonreír, no sólo al acto que él ejecutaba sino a la vida, a lo que todos en ese momento teníamos como es: la salud, la vida misma, la movilidad; el contar con un empleo, familia. En fin….

Reforzaba el diálogo ofreciendo disculpas por su intromisión a esa incipiente calma  diciendo: a veces venimos perdidos pensando en nuestros problemas. Algunos sencillos, algunos complejos pero sin duda  nos afectan de la misma forma. Sé qué a bordo de esta unidad alguno de nosotros trae un tema de trabajo,  de dinero, de un enfermo, incluso uno mismo padeciendo, pero si dejamos o nos entregamos a ese problema, le damos el poder para hacernos pedazos. Claro que es muy difícil todo, pero si nos detenemos un momento y re-direccionamos nuestro camino, si nos damos un momento y buscamos nuestra paz, podremos ver que  hay motivos para sonreír. Duele, claro que si. Todas las situaciones o momentos que no están en nuestro calendario nos causan dolor, pero este servidor, está convencido que el sol de  cada nuevo día nos da una nueva oportunidad de enmendar, de reconstruir o de trabajar duro para superar todo obstáculo.

 Al culminar este discurso, retomó el show.

Una dama ubicada más al frente del autobús, conectó con él respondiendo al acto con lo que le venía a la mente a lo que éste atendía dando la respuesta correcta improvisando un remate gracioso.

Me sumé a ellos a modo de coro reforzando un poco a lo que la dama hacía y lo que el payaso desarrollaba en su número con aplausos o con un ¡Ooh!.

A unos minutos de arribar a la estación del metro, mismo lugar que también es la terminal de la ruta, finalmente el payaso había logrado la atención de la audiencia y cerrado su actuación de la mañana.

Después de esto, agradeció la atención realizando un speech motivacional para después, recolectar las monedas que alguien le pudiera obsequiar.

Por supuesto que aporté pues su trabajo lo merecía. Fue una forma de reconocer el valor de pararse frente a doce o quince personas que, no te hacen caso, ni te miran siquiera.

Una vez ubicado el autobús en la base, todos los pasajeros descendimos, el payaso lo hizo primero perdiéndose entre la multitud. Me desplacé con calma a pesar de tener el tiempo justo para llegar a mi junta.

Unos pasos más adelante lo descubrí. Titubeante, analizaba la unidad para el trabajo. No pude dejar pasar la oportunidad. Me aproximé a él, volteo a verme.

Estreché su mano al tiempo que dije: amigo, te felicito por lo que haces y qué valor tienes al hacer este trabajo. De verdad, qué valor para pararte frente a personas que te ignoran y esforzarte hasta lograr que la gente responda.

Amigo, estoy en una situación desfavorable, tengo familia y en ningún lugar me dan empleo, tengo que llevar el sustento a casa así que no puedo titubear o dejarme vencer pues es lo único que puedo hacer. Si, es muy duro poner tu cara de idiota ante esa gente que muy seguramente piensan en lo estúpido que te ves haciendo o intentando algo gracioso una y otra vez. Pero eso también se vuelve un reto y aprendizaje, entonces sacas el carácter y la inspiración y finalmente logras la respuesta del público: no de todos, pero sí de una buena parte lo cual se vuelve en un momento de gloria. Finalizaba el señor payaso.

Nuevamente le felicité, le reconocí su valor, estreché su mano al tiempo que me agradecía el detalle que tuve hacía él por el trabajo, por mostrar empatía.

Volvíamos a nuestros pasos los cuales nuevamente nos llevaría cada quien a su destino.

Esto me hizo reflexionar sobre cómo hemos perdido la sensibilidad y nos hemos sumergido en nuestra arrogancia, al igual que en un aparato como el móvil y toda la información que en él está disponible dejando atrás el lado humano.

Es una pena todo esto.

Debemos aterrizar y retomar la comunicación persona a persona y mostrar empatía ante las cosas sensibles en la vida.

No es tarde para esto.

(FIN)

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