Cada
quien vive del modo en que uno mismo elige.
Esto
tiene mucho que ver con el tipo de líder o guía que nos acompañó en nuestra
niñez.
En
esos momentos cruciales en donde uno forja el carácter y desarrolla su propio
criterio.
En
la edad en que vivimos junto a un villano que de pronto, se vuelve nuestro héroe
una vez que acumulados los años que se agrupan dándonos como dato: nuestra
edad, comprendemos que aquel ogro o villano, realmente pulía y se esforzaba
para crear con lo que estuviera en sus manos a un buen ser humano.
Así
es como hemos llegado a este momento, gracias a ese ser, a ese genio.
He
vivido con la complacencia de saber, que diste lo mejor y que realmente hiciste
un buen trabajo en mi educación, una educación qué empíricamente te fue otorgada
y me transferiste, siempre con miras a criar a un buen hombre.
No
sé si en algún momento te agradecí por eso, incluso, no sé si alguna vez
perdiste el sueño por nosotros tus hijos. De lo que sí estoy seguro, es que
nadie puede dudar de tu bondadoso
corazón, de tu pasión por ayudar a los tuyos, pues desde niño, pude presenciar,
cómo brindabas apoyo a quien lo requería aún sin contar con la fortuna de un millonario.
Sólo
brindabas el fruto de tu trabajo al necesitado.
Aún
me falta mucho por aprender de ti, pero estoy claro que en esta vida, uno no
aprende a vivir, uno vive aprendiendo.
No
te he de mentir, me falta tu tenacidad, tu templanza, coraje he inteligencia
para reforzar toda la enseñanza que me diste, como cuando era tan sólo un Niño.
Como cuando me tomabas de la mano para guiarme.
Me
enseñaste el mundo.
Me
mostraste el dolor hecho persona en un mundo dividido, acaparado por la hostilidad que aplasta al débil y engrandece al
poderoso.
En un mundo donde la
esperanza y la fe, intentan ir juntos a pesar de todo.
Papá, hoy que te vas, me es difícil aceptar
que ya no escucharé esas anécdotas que solías contarme. Ya no te escucharé
cantar, sólo conservaré tu voz en mis recuerdos de cuando hablabas con el
creador, parte de la enseñanza que me dejas.
Y vuelvo a sentir ese miedo
que me estremecía de niño al saber, que nuevamente partirías a un nuevo
proyecto; que te alejarías de nosotros, pues este sacrificio, era el sustento
nuestro.
Y aún llevo grabado en mi
mente ese episodio.
Una de esas veces en que te
marcharías para poder proveernos.
Como si fuera justo ese día,
ese momento cuando con el alma desgarrada, y mis lágrimas aferrándose a mis
párpados para no caer, te imploré con voz temblorosa y suplicante:
—¡Papá,
no me dejes!
—¡Por
favor, llévame contigo!
Expresé
víctima de la nostalgia y la inefable tristeza que me agobiaba al saber que por
mucho tiempo no te vería.
Hoy,
posiblemente podría repetirlas justamente, pero debo reservarme a ello pues
hacerlo, sería una aberración, y significaría un fracaso y un agravio a ti.
Papá,
ha llegado el momento en que tendré que echar mano de mis más dulces recuerdos
aunque sé, que estos me lastimará mucho, pues es donde te volveré a encontrar.
Y
ahí estarás Padre, hablándome del don de la perseverancia y de la astucia. De
la lucha constante y el mantener siempre la mirada fija en un objetivo. Así
como el de ser capaz de adaptarse, fusionarse con el entorno y desde ahí
luchar, siempre con miras a la grandeza pues no es el lugar sino la valentía
con la que uno enfrenta la vida.
Papá.
Te
voy a honrar siempre, pues para mí, eres el mejor ser humano que el universo me
brindó como padre. Comprendo que dentro de tu rudeza, la dureza de tu carácter
y todas esas exigencias que tenías para mí, detrás de todo eso, estaba tu gran
amor hacia nosotros.
Vuela
alto mi señor.
Que
los vientos y las nubes ahora te reciben complacidos por tu gran labor en tu estadía
en la tierra.
Vuela
alto papá, y háblale al eterno de nosotros los mortales. Cuéntale del deterioro
en la mente de las personas, de la falta de empatía y de cordura en los
habitantes de esta tierra.
Padre
mío.
Ahora
te conviertes en la luz que me guiará siempre.
En
el recurso de mis momentos de inspiración cuando en alguna conversación yo
pueda decir:
— ¡Como
decía mi padre! ó — ¡Como mi padre me enseñó!
En
fin… tantas otras lecciones de vida que replicaré y compartiré así como lo
hiciste en tu paso por este lugar.
Vuela
padre.
Vuela,
ya sin la fatiga y el cansancio.
Vuela
papá, es momento de ir a casa mi querido héroe.
(Fin)

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